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Manifiesto acordado por las 34 organizaciones presentes en el II
Encuentro Estatal de Solidaridad con la Venezuela Bolivariana. 1º.- Ni las armas, ni las invasiones, ni la utilización de la violencia pueden acallar las luchas de los pueblos que se enfrentan a la barbarie de un sistema que los condena a la desaparición y al genocidio, que no deja lugar para la vida a las grandes mayorías populares empobrecidas por la aplicación de políticas neoliberales. Es el caso de los pueblos de América Latina y El Caribe, entre otros. A las secuelas de más de 500 años de explotación y dependencia (deuda externa impagable, aumento de pobres y miserables, violencia institucional y militarización, desaparecidos, sometimiento de las naciones originarias, etc), se suman ahora, en el marco del capitalismo globalizado, férreos procesos de desnacionalización, como el proyectado por el ALCA, y sometimiento absoluto a los dictados del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Los pueblos de América Latina están contestando de múltiples formas, todas ellas legítimas, a los intentos del imperialismo norteamericano, como expresión máxima del sistema capitalista mundial, de privarlos de sus recursos naturales y de arrasar con las estructuras económicas y sociales que han conseguido sobrevivir. Para el caso de Venezuela, en el actual marco de lucha por el control de los recursos energéticos, su carácter de productor y exportador de petróleo la sitúa en el centro del huracán de los intereses norteamericanos. El levantamiento del pueblo boliviano para frenar la venta del gas al capital multinacional extranjero ha sido un ejemplo más del caudal de resistencias y esperanzas que se mueve en todo el Continente. La doctrina Monroe sigue siendo rechazada con justicia por los pueblos latinoamericanos. A pesar de las sucesivas intervenciones e injerencias, la última de ellas en Haití, desde México, pasando por Puerto Rico, Colombia, Argentina, Ecuador, Venezuela, Brasil o Perú, la necesidad de la “segunda independencia” resurge con fuerza y urgencia. Por eso el ideal bolivariano de integración de los pueblos cobra actualidad como proyecto para hacer frente a las nuevas contradicciones y a las viejas heredadas del colonialismo. El II Encuentro Estatal de Solidaridad con la Venezuela Bolivariana se solidariza con las luchas de los pueblos de todo el mundo en defensa del derecho de autodeterminación; y muy especialmente en esta coyuntura, con los pueblos de Irak y Palestina, ocupados militarmente por fuerzas extranjeras. 2º.- En este caudal de experiencias sorprende el desarrollo del proceso revolucionario venezolano. Una Revolución antioligárquica y democrática que en pocos años ha demostrado que las promesas y las palabras van acompañadas de hechos incontestables a favor de las mayorías populares; que en pocos años va cumpliendo los objetivos de acabar con una estructura institucional corrupta que dilapidó los fabulosos recursos del país y que se adentra en el último período en la necesaria reconstrucción económica, social y cultural; que ha devuelto la voz y el protagonismo al pueblo mediante la aprobación de una nueva Constitución que garantiza sus derechos y configura un modelo de democracia participativa. Todas las armas han sido utilizadas contra la Revolución Bonita: golpe fascista, sabotaje petrolero, terrorismo comunicacional, golpe institucional, y en los últimos tiempos, presencia de sicarios para asesinatos selectivos y prácticas desestabilizadotas, etc. A todas ellas respondió el pueblo pacíficamente, convirtiéndolas en hermosas victorias populares. Como en la España republicana, en 1936, o en el Chile de la Unidad Popular, en 1973, la oligarquía venezolana respondía con la brutalidad del fascismo, a las esperanzas abiertas por un proceso democrático y pacífico cuyo objetivo no es otro que lograr un reparto más equitativo de la riqueza, en un país nuevo, libre y soberano, en el marco de una nueva América Latina integrada y capaz de hacerle cara al imperialismo estadounidense. La falacia de la democracia neoliberal queda una vez más al descubierto. Sólo son aceptados los modelos de democracia “tutelada”. La voluntad popular nada significa en el esquema de pensamiento de las transnacionales de la explotación y el crimen. La significación internacional de lo que hoy ocurre en Venezuela ha puesto a la Revolución Bolivariana en el punto de mira del imperialismo norteamericano y sus aliados en el mundo. El proyecto de unidad latinoamericana defendido (ALBA, Alternativa Bolivariana para las Américas) frente al ALCA, su compromiso por una salida negociada al conflicto colombiano y su oposición al Plan Puebla-Panamá, los acuerdos preferenciales firmados con los países más pobres o bloqueados, su propuesta de fortalecimiento de MERCOSUR o su liderazgo en la OPEP, la enfrentan hoy, como en tiempos del Libertador, a los intereses de los poderosos vecinos del Norte. Por eso sería un error entender el Plan Colombia exclusivamente en clave colombiana; realmente se trata de una estrategia continental que tiene a la Venezuela Bolivariana como uno de sus objetivos prioritarios. En un ambiente de permanente provocación y sabotaje, el Gobierno Bolivariano ha entregado más de 100.000 títulos de propiedad de la tierra entre campesinos pobres; cerca de 4 millones de personas recuperado la posibilidad de iniciar o continuar sus estudios en los distintos niveles educacionales; decenas de miles de personas que habitan los “cerros” han recibido por primera vez en la historia la atención médica gratuita, los pueblos indígenas han visto sus derechos reconocidos y sus tradiciones culturales y políticas respetadas; siendo las reivindicaciones de las mujeres objeto prioritario de la Constitución y de las políticas que se están desarrollando, como lo demuestran el artículo 88 de la Constitución y la Ley de Tierras. Por primera vez, y gracias al carácter progresista de la Constitución, todos los cargos electos, sin excepción, podrán ser revocados. Este II Encuentro saluda todas estas conquistas realizadas y expresa su confianza en que la Revolución en Venezuela va a satisfacer hasta sus últimas consecuencias los intereses de los sectores populares, auténticos protagonistas del proceso. ROMPIENDO CERCOS. UNIENDO PUEBLOS 1º.- Las organizaciones políticas y sociales democráticas y progresistas del Estado español deben asumir su especial responsabilidad frente al proceso revolucionario en Venezuela, por distintos motivos entre los que queremos resaltar: los especiales lazos de hermandad que nos unen con los pueblos latinoamericanos; la experiencia histórica que supuso la victoria del fascismo que se mantuvo por más de 40 años en nuestro país con sus secuelas de terror, represión y muerte como instrumentos para garantizar la sobreexplotación del pueblo y la acumulación de capital. Como fuera el caso de otras repúblicas latinoamericanas, Venezuela acogió a gran número de exilados españoles que se incorporaron activamente en el desarrollo del país aportando su experiencia y conocimientos. Ahora que es Venezuela la amenazada por el fascismo, nuestro compromiso de solidaridad tiene también esa cara de reconocimiento por la acogida que dieron en su día a nuestros exilados. Ningún sector que se reclame portador de valores progresistas y democráticos puede permanecer callado ante la realidad del compromiso que las clases dirigentes y sus expresiones políticas en nuestro país mantienen con los sectores golpistas en Venezuela. Compromisos adquiridos como representantes de grupos de presión económicos, mediáticos y financieros, parte estratégica de las actuales pretensiones neocoloniales del capital español como parte del capital transnacional. Compromisos reforzados por una mayor subordinación, en las dos últimas décadas, a los intereses geoestratégicos del imperialismo estadounidense que nos ha conducido al ingreso en la OTAN, la participación en guerras de intervención, a la intervención directa en Irak, o al apoyo directo al Plan Colombia, en el que el Gobierno español participa directamente en la financiación de armamento militar, cuyo objetivo entre otros es una futura agresión contra Venezuela. Cada vez resulta más difícil establecer diferencias entre las políticas internas y la política internacional. El gobierno del Partido Popular ha sido todo un ejemplo al respecto. Es por eso que en todas las movilizaciones motivadas por dicha política, el movimiento de solidaridad con la Venezuela Bolivariana ha participado y llevado sus consignas. En el marco de la globalización de la desesperanza que pretenden es más urgente que nunca entender que no hay luchas aisladas y que el éxito o fracaso de cualquiera de ellas dependerá de la capacidad del movimiento de resistencia para romper fronteras y globalizar las luchas. Como quedó palpable durante las formidables movilizaciones desarrolladas contra la intervención en Irak, los gobiernos no pueden seguir manipulando resultados electorales para implicar a los pueblos en acciones de este tipo. La Venezuela Bolivariana ya no está sola. La Cuba bloqueada, tampoco, a pesar de que el gobierno norteamericano intente mediante el recrudecimiento de su hostilidad hacia Cuba, doblegar a un pueblo decidido a defender su Revolución. Otras experiencias que no aceptan el neoliberalismo ni los designios del imperialismo yanqui, defienden su soberanía e intentan romper el cerco recorriendo su propio camino, construyendo su propia Historia. La peor amenaza para el enemigo común de los pueblos del mundo es el acercamiento entre éstos. Por eso saludamos los esfuerzos, cada uno desde su realidad concreta y proyecto político, que desde Brasil, Argentina o Venezuela se están realizando. En el 2004, podrán sumarse a esta realidad otras victorias latinoamericanas. A 31 años del golpe que derrocara al gobierno de la Unidad Popular en Chile, es imprescindible definir y situar con rigurosidad los intereses que se confrontan dentro y fuera de Venezuela. La Historia no se repite pero algunas de sus lecciones tampoco deberían ser olvidadas. 2º.- “No pasaron” el 14 de marzo. Cada 11 tiene su 13. No por ello podemos echar las campanas al vuelo. Del partido vencedor, el PSOE, las trabajadoras y los trabajadores, las y los estudiantes, las y los inmigrantes, las mujeres y capas populares en general tenemos motivos sobrados para la reserva y el recelo. Cuando durante más de una década fueron Gobierno dejaron clara su servidumbre a los poderes económicos y militares del mundo, dejando un lastre de pragmatismo y frustración del que apenas comenzamos a salir gracias a las fabulosas movilizaciones de los últimos años. Para el caso de Venezuela, sin ir más lejos, los vínculos con la socialdemocracia venezolana (AD) fueron y siguen siendo estrechísimos y no sólo desde el punto de vista ideológico; debajo de tan “estrecha amistad” circulaban y circulan intereses económicos evidentes. Tampoco podemos olvidar que cuando el golpe en Venezuela, en abril de 2002, ellos fueron los primeros en reconocer al gobierno de Carmona “El Breve”. Si bien esperamos que con el compromiso de presión y movilización que consigamos realizar desde el movimiento de solidaridad y otros sectores, se puedan producir cambios positivos al respecto. De momento sólo nos ofrecen promesas. Las presiones para motivarlos al olvido ya comenzaron; presiones internas y externas. De lo cual debemos tomar inmediata nota y ejemplo ya que sólo desde la organización y la movilización social conseguiremos que las promesas se conviertan en realidades. 3º.- Son muchas las lecciones que nos ofrece la Revolución Bolivariana en Venezuela, lecciones muy ligadas a la propia historia de lucha y resistencia de los pueblos y naciones del Estado español. La primera de ellas, la constatación de que es posible vencer al fascismo. ¿Cómo no sentir como nuestro un proceso que ha tenido como una de sus consignas más repetidas la de “No pasarán”? La
segunda de ellas, la demostración de que es posible una transición
real, es decir, un proceso de cambios en el que no sólo se
modifiquen los aspectos externos sino aquellos relacionados con los
intereses populares y las transformaciones de fondo. La
cuarta de ellas, la demostración de que sólo la movilización de los
sectores tradicionalmente excluidos, entre los que se encuentran las
mujeres y las minorías, hará posible que sus reivindicaciones
históricas sean cumplidas. 4º.- Desde que en 1999 surgieran los primeros grupos de solidaridad con el proceso revolucionario en Venezuela el camino recorrido ha sido mucho y la experiencia adquirida, también. Ya el año pasado en Madrid, en el I Encuentro, pudimos comprobar el desarrollo alcanzado. Fueron muchas las resistencia a vencer pues dentro de los grupos contestatarios no se entendía el carácter del proceso que estábamos defendiendo. Muchas de las reservas e incomprensiones a las que hemos tenido que hacer frente llegaron de la mano del “eurocentrismo” hegemónico que impide a quienes lo padecen, aproximarse con rigor a lo diferente. Este prejuicio ideológico satanizó desde un principio a la Revolución Bolivariana impidiendo una aproximación objetiva, una reflexión autónoma y un posicionamiento comprometido y solidario con ella. Pero hemos de decir con satisfacción que la correlación de fuerzas ha variado, gracias principalmente a las lecciones dadas por el pueblo bolivariano de Venezuela y a las acciones desarrolladas por el movimiento de solidaridad en todo el mundo, también en el Estado español. La significación de la Revolución Bolivariana se va abriendo camino con fuerza en los sectores progresistas de todo el mundo, como ha quedado demostrado en el I y II Encuentro Mundial, celebrados en Caracas en los meses de abril de 2003 y 2004. La significativa presencia de organizaciones de izquierdas y de base de todo el mundo, con presencia importante del movimiento de solidaridad internacional; de intelectuales de distintos continentes y orígenes ideológicos, han demostrado que el cerco organizado contra la Venezuela Bolivariana ha dejado de funcionar. Intentamos que este II Encuentro confirme la voluntad de extensión, desarrollo y fortalecimiento del mismo. Sobre la base de una solidaridad comprometida con la lucha de los pueblos; optando por una definición plural, democrática, antifascista y antiimperialista. La experiencia del movimiento de solidaridad con los pueblos en las últimas décadas en nuestro país evidencia que sólo desde la autonomía organizativa, la independencia y la pluralidad, como premisas de funcionamiento, será posible avanzar. Un movimiento de claros objetivos políticos que no esconda ni su naturaleza ni su carácter. 5º.- De nuestra experiencia se desprende que los objetivos del movimiento de solidaridad con la Revolución Bolivariana deben dirigirse:
Es estratégica la tarea que tenemos por delante: la construcción de una nueva identidad que tenga como pilares básicos la superación del eurocentrismo y del fetichismo ideológico neoliberal. Una nueva identidad que pueda capitalizar para los pueblos y naciones de todo el mundo Nuestro Patrimonio Común en toda su complejidad y diversidad. La globalización –entendida ésta como el proceso de socialización de la Humanidad-, es una tendencia histórica imparable. Pero nuestro referente último no es una Humanidad globalizada por elementos uniformes sino por el contrario caracterizada por el desarrollo libre de la experiencia acumulada por los pueblos en el devenir histórico, en beneficio de las grandes mayorías. Apostamos por el internacionalismo frente a la globalización imperialista. Desde esta trinchera que comienza a agrandarse, proclamamos sin ningún tipo de complejos nuestra confrontación al asistencialismo como articulador del movimiento de solidaridad con los pueblos. El asistencialismo, dominante en los últimos 15 años, fue fruto de un cúmulo de derrotas de las que se extrajeron confusas y perversas conclusiones (Nicaragua, El Salvador, etc); de unas prácticas dependientes que socavaron la autonomía del movimiento. Superar la barrera de lo “políticamente correcto” y pasar de la solidaridad con los que sufren, cargada consciente o no de paternalismo autoritario y en tantos casos de intereses económicos espurios, a la solidaridad política activa con los que luchan, entre los cuales nos encontramos. Para concretar estos y otros objetivos, nos hemos reunido en Granada, la ciudad de Mariana Pineda, Federico García Lorca, Emilio Herrera, los hermanos Quero, Salvador Vila, Alejandro Otero, Ruiz Carnero, el Ingeniero Santa Cruz, Javier Verdejo ... y tantas y tantos más, que nos acompañaron durante los días 14, 15 y 16, en esta hermosa tarea que nos propusimos de seguir defendiendo que “la solidaridad es la ternura de los pueblos”. Hemos sido 80 personas en nombre de 34 organizaciones.
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